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1/20/2012

Segundo día: Charcos y patinazos.

Hoy me he levantado dispuesto a comerme Edimburgo y lo peor es casi lo consigo, al menos una pequeña parte, concretamente el suelo. Resulta que servidor está acostumbrado a que, aunque los charcos se pueden congelar por la noche en invierno, normalmente se descongelan por la mañana gracias al sol. Pero claro, esto es Escocia y aquí el sol, ni está ni se le espera. Pronto he aprendido, que si los escoceses caminan mirando hacia el suelo, no es por humildad, sino por seguridad. Total que pasito a pasito he ido por la acera esquivando charcos (placas de hielo) y para cuando he querido levantar la cabeza, no tenía ni idea de donde estaba. Una rápida pregunta a una amable señora y mis temores se confirman:


Yo: Disculpe, ¿la calle de Doña Leticia?

Señora: ¿Cómo?

Yo: Que digo que donde está la calle de la Princesa.

Señora: Vuelve por donde has venido y en diez minutos vuelves a preguntar, pero ya te digo que estás bastante lejos. ¿No deberías coger un taxi?

Yo: Cagontolostaxis.

Señora: What? (lo que se traduce como “Me lo repita, que no le he entendido nada”).

Yo: Que gracias señora, que muy amable.


Media vuelta y a seguir esquivando charcos. Tras una rápida reorientación, consigo llegar al centro de la ciudad y empiezo a recorrer la zona.




Tras ardua deliberación, he decidido que hoy no iba a hacer entrevistas y que sólo me voy a dedicar a buscar donde están las agencias de trabajo y a recopilar una serie de materiales que me hacen falta, para empezar mi aventura de buscar curro. Por eso, mi primera parada es una tienda de móviles, ya que como comenté en mi post anterior, no había conseguido que la sim escocesa prestada, se llevara bien con ninguno de mis telefonos. Entro en la tienda y enseguida un dependiente profident, me suelta una parrafada, que asumo que debe ser una variante del “Buenos días, ¿en que puedo ayudarle?”. En seguida me doy cuenta que el tipo habla a toda pastilla y que no se le entiende nada de nada. En fin, al lío:


Yo: Buenas. Mire que quiero la tarjeta prepago más baratita que tenga y ya que nos metemos en harina el terminal más barato y cutre que encuentre.

Dependiente: Gttgdhskhclnslkjvjldhvkj (no se me ha estropeado el teclado, es que el tío me suelta una parrafada ininteligible y eso es lo que yo entendí. Eso sí mientras habla, me muestra un papel con varias tarifas).

Yo: Mire buen hombre, ¡que yo quiero lo más barato! ¿Vale?

Dependiente (sin tanta sonrisa y hablando ya más despacio): Bueno vale, aquí tiene nuestra tarjeta timofon 2000. Lo más barato.

Yo: Perfecto, pero recuerde ni contratos ni gaitas. Yo sólo pre-pa-go.

Dependiente resignado: Que si, que vale. ¿Se la envuelvo o se la lleva puesta?

Yo: ¿No te he dicho que necesito un terminal? Vamos lo que se llama un móvil de toda la vida. Pero eso sí...

Dependiente: Que sí, que sí. Lo más barato. (Con una sonrisa siniestra y expresión de “te vas a cagar”, saca un Chamchung que, por increíble que parezca sólo es un teléfono, ni internet, ni juegos, ni politonos tiene. Sólo llamadas y mensajes de texto.) Qué -sonrie- ¿esto es lo que quiere?

Yo (emocionado): Peeeeeerfecto, me has leido el pensamiento. ¡Gracias majo!

Dependiente incrédulo: Pero, pero, pero.... Pero si sólo sirve para llamar. Inconcebible, ¿quién quiere un teléfono para eso?


A los cinco minutos salgo de la tienda y continúo mi paseo, ubico las principales agencias de trabajo y un par de pubs.


Durante mi periplo, me encuentro con la “Galería Nacional Escocesa de Retratos”, por lo visto tenían una exposición de retratos de escoceses famosos. Como la entrada es gratuita y yo estoy hasta el moño de patear las calles pelándome de frío, decido tirar para dentro. Nada más acercarme, un abuelete muy salao, me abre la puerta y me informa que durante mi visita, tengo que llevar en todo momento la mochila en la mano (y no colgada a la espalda que es como se suele llevar). Cinco segundos de sorprendido silencio por mi parte después, añade “O también la puede guardar en esas taquillas de allí”. Solucionado el problema mochilero, recorro la galería, que está plagada de retratos de escoceses ilustres, empezando por los reyes de antaño (por lo visto hace unos siglos se puso de moda retratar a la nobleza en pose forzada y señalando algo, el que no señala un mapa, señala una ventana y el que no, señala a otra que persona que también sale en el cuadro, y que siempre es denominado como “sirviente sin identificar”).

Poco a poco voy avanzando por los siglos, y me encuentro retratos más modernos, en uno de ellos aparece una generación entera de poetas escoceses. El cuadro se titula “El pub de los poetas” (ya ves, si los poetas muertos americanos se reunían en un club, los escoceses se buscan un pub). Más allá del grupo de juntaletras, me llama la atención que en el cuadro sólo aparecen tres mujeres, dos de ellas están directamente en pelotas y la tercera, aunque vestida, está en una esquina en actitud arto sospechosa (dejo a vuestro criterio la interpretación de este cuadro).

Finalmente, y como era previsible, llegué a los retratos de los famosos actuales, que lógicamente en lugar de tirarse dos días posando para un cuadro, tiran de Polaroid y punto. Entre ellos destaca la cara de David Tennant. Lo cierto es que el fotógrafo se le debía tener jurada al Décimo Doctor, porque donde los demás fotografiados lucían estupendamente, al pobre David parecía que le hubiera atropellado una banda de daleks furibundos.

Tras la visita, sigo pateándome la ciudad pero al poco me doy cuenta de que estoy famélico. Entro en un centro comercial donde hay varios restaurantes. Los precios son caros así que busco algún sitio que tenga menú del día y al poco llego a un restaurante, que por seis libras te dan dos platos, ensalada y bebida. Es lo más barato que encuentro, así que sin mirar en que tipo de local me estoy metiendo, tiro para dentro. El nombre del restaurante “La Taberna” debería haberme alertado, pero no, hasta que no leí la carta no me di cuenta: ensalada mixta, croquetas de pollo, tortilla española, paella de verduras... Efectivamente, un restaurante español, regentado por ingleses. Decidido a no probar la paella ni bajo tortura, me la juego con un pisto, unas croquetas de pollo y agua para pasarlo todo. El pisto tenía un pase, pero las croquetas no habían visto un pollo en su vida y el agua me la sirvieron con una rodaja de limón. Para rematar, una ensalada mixta en la que no había ni tomate ni lechuga (no preguntéis).

Vuelta al hotel, breve descanso para recuperarme de la comida y vuelta a la acción. Retoco el archivo de mi curriculum para añadirle mi nuevo número de teléfono y salgo en busca de un sitio donde me lo impriman y saquen fotocopias. Tras un rápido paseo me encuentro con una tiendecilla con nombre friki “Minutemen”. De Alan Moore te puedes fiar, me dije, así que pa dentro.


Yo: A las buenas. ¿Me puedes imprimir un pdf?

Dependiente: Claro, pero todos los archivos que se imprimen tienen un recargo de una libra con veinte.

Yo: MecagoenelDoctorManhattan.

Dependiente: ¿lo cualo?

Yo: Que venga, que vale, pero sacame diez copias.

Dependiente: Aquí las tienes.

Yo: Que digo yo, que ya que cada copia son dos páginas, te podías estirar un poco y graparlas, ¿no te parece, rey?

Dependiente: Estooooo, es que tengo la grapadora rota y...

Yo: MecagoenelComediante.

Dependiente: Es que mi jefe me ha dicho que diga que la grapadora está rota.

Yo: A tu jefe y a tí os grapaba yo el duodeno.


Tras despedirme amablemente del dependiente (y de su familia), me paso por el “Todo a una libra” (que es como el todo a un euro, pero con acento inglés), me compro una grapadora y un juego de cuchillas para mi “Filette 3000”, para ir bien afeitado a las entrevistas. Por supuesto al llegar al hotel (y tras abrir el paquete de cuchillas) me doy cuenta de que yo uso una “Wilkintton 500”, cuchillas incompatibles. Pondero la posibilidad de meter la cabeza en el retrete y tirar de la cadena, pero lo descarto, seguro que atranco el retrete y luego me hacen pagar la reparación

Finalmente he decidido que ya esta bien por hoy y me he puesto a escribir este post, esta noche es viernes, así que después de cenar, intentaré llegar a un pub a ver si con una cerveza la cosa mejora.



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