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6/16/2017

Aventuras en Rusia. Sexto día.

Nos levantamos el sexto día con la incertidumbre de la meteorlogía. ¿Seguiría la ventisca arreciando con inclemente ferocidad rusa?




Pues no, tuvimos solazo (eso sí, la máxima era de unos ocho grados bajo cero). Así que nos subimos al autobús y nos fuimos a visitar el Palacio de Peterhof.


Aquí tengo que decir, que nosotros no vimos ningún turista en los autobuses públicos. Si que vimos muchos autobuses contratados por los clásicos tours de vacaciones, normalmente repletos de chinos y japoneses. Pero practicamente no vimos o al menos yo no fuí consciente, a turistas como nosotros en el transporte público. En mi opinión, y creo que Conchi piensa igual, parte de la gracia de viajar es tener la posibilidad de equivocarte de autobus y acabar visitando Vladivostok en lugar de Novosibirsk. Pero bueno, cada cual es libre de disfrutar de sus vacaciones como quiera.

Realmente a nosotros no nos costó demasiado orientarnos.  Siempre encontrabas a alguien dispuesto a orientarte e indicarte que autobús tenías que coger. En ese sentido la gente más dispuiesta a ayudar era la gente mayor, los jóvenes se limitaban a decir "No hablo ingles, lo siento". Mientras que la gente mayor que tampoco hablaba inglés, pero se esforzaba por tratar de entenderte y ayudarte.

Finalmente llegamos al Palacio y los Jardines de Peterhof, que como podreis ver, es un sitio realmente impresionante.









 

 Bonito, ¿verdad? A mí me solo me venía a la cabeza la expresión "Versalles con nieve". Cosa rara, ya que yo nunca he estado en Versalles, ni en Francia ya puestos. Pero bueno, mi cerebro funciona como funciona y no nos vamos a extrañar a estas alturas.

Tras la vista al palacio, nos volvimos a San Petersburgo y decidimos realizar nuestro segundo intento de visitar el museo Hermitage.



La verdad es que se ve mucho mejor sin ventisca. Y encima esta vez, pudismo acceder al interior.















El resto de la tarde, lo pasamos dando un paseito, por las calles de la ciudad.






6/13/2017

Aventuras en Rusia. Quinto día.

Había llegado el momento de cambiar Moscú, por la antigua capital de los zares, San Petersburgo. Así que hicimos el petate y nos fuimos a la estación de tren. Tras un rato de espera en la estación, por fin pudimos subirnos al tren. La verdad es que se parecía bastante al típico Alvia de Renfe. Nos tocó en una mesa con cuatro asientos, por lo que estábamos bastante cómodos.

Acompañándonos en los otros dos asientos, estaba un abuelete (el resto de su familia estaba sentada en otra mesa de cuatro que estaba al lado de la nuestra) y una chica joven a la que vimos bastante poco, ya que al cabo de una media hora de iniciar el viaje se cambió a una fila de asientos vacíos, se agenció una manta y se echó a dormir hasta un rato antes de llegar a nuestro destino. Aquí hay que romper una lanza en favor de la sociedad rusa, porque la chica antes de irse a dormir, dejó sobre la mesa su portail abierto y ahí se quedó sin vigilancia durante las tres horas que estuvo de siesta la muchacha y cuando se despertó el ordenador seguía ahí y eso que el portátil no era precisamente barato (en España, no hubiera durado ni diez minutos).

El viaje transcurrió sin mayores anécdotas, aparte de una ligera preocupación, ya que a medida que nos acercábamos a nuestro destino, veíamos cada vez más nieve por las ventanas.

Una vez que llegamos a San Petersburgo, cogimos el metro para ir hasta nuestro hotel. El suburbano de esta ciudad es más modesto que el de Moscú, pero aún así le da sopas con honda a cualquier otro que yo haya visitado.

El hotel estaba bastante bien, y en el interior del minibar me encontré una grata sorpresa, sobretodo para un nostálgico empedernido como soy yo





Con ustedes la mítica Mirinda. Seguramente a los españoles más jóvenes no les sonará esta bebida, ya que aunque es originaria de nuestro país y estuvo muy presente en las décadas de los 60, 70 y principios de los 80, hoy por hoy está prácticamente desaparecida por estos lares. La bebida fue comprada por Pepsy, pero lejos de promocionarla, dedicó sus esfuerzos a hacer publicidad a Kas Naranja.

Curiosamente sigue siendo muy popular en otras partes del mundo.

Finalizado el momento abuelo cebolleta, dejamos los bártulos en el hotel y buscamos el restaurante más cercano (más que nada porque la nieve estaba empezando a arreciar y no era plan de ponerse exquisitos).

Acabamos en una pizzería, de dudosa calidad, donde pudimos descubrir otra sorpresa gastronómica, esta vez mucho menos agradable que la Mirinda.



La Pizza de Nutella con emanems y no se que más, no quise ni investigar el asunto y huelga decir que no nos atrevimos a probarla. Por lo que he visto por internet, no es un plato exclusivo de la madre Rusia, pero voy a dejar el tema aquí porque no me quiero poner a discurrir sobre el declive de la civilización y la ruina de la cultura gastronómica.

Después de comer, decidimos hacer nuestra primera incursión turística por San Petersburgo. Dado que la nieve caía cada vez con más intensidad, pusimos rumbo al museo Hermitage, así al menos estaríamos a cubierto.






Aunque no se aprecie bien en las fotos, la nieve estaba cayendo a base de bien y el viento se encargaba de lanzarnosla a la cara. Aún así pudimos ver que era muy bonito... por fuera. Porque lo cierto es que el museo estaba cerrado ese día.





Así que nos fuimos a buscar la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada, que al menos en el mapa no estaba demasiado lejos. Y realmente no lo estaba, pero claro no es lo mismo ir dando un paseo un soleado día de verano, que cuando vas en medio de una ventisca. De hecho nos pasamos la calle un par de veces, porque cuando la nieve te cae constantemente sobre los ojos, la visibilidad se vuelve complicada.

Finalmente la encontramos.







Llegados a este punto decidimos ir de vuelta al hotel, y rezar para que al día siguiente el tiempo mejorara.





4/26/2017

Aventuras en Rusia. Cuarto día.

El cuarto día amaneció nublado y amenazando lluvia.

Yo: Bueno, ¿qué hacemos hoy? - pregunté preocupado por la meteorología.
Conchi: No hay problema, hoy toca una actividad a cubierto. Visitaremos el museo de la Cosmonaútica.
Yo: Mola.

Total que cogimos el metro, que nos llevó con su habitual celeridad hasta el museo. Y lo primero que vimos fué esto:





Un obelisco de más de cien metros de altura (me lo ha chivado la Wikipedia).Y es que ya hemos mencionado que a los rusos les gusta hacer todo a lo grande.

Ya mientras nos acercábamos notamos algo extraño, la zona estaba empezando a llenarse de cámaras de televisión y de periodistas. También se veían unos cuantos militares con uniforme de gala y medallas suficientes como para fundirlas y hacer con ellas otro obelisco. ¿Qué estaba pasando? Una rápida consulta en Google, me dió la  respuesta. Estábamos a 12 de abril, el día de Yuri Gagarin. Para los de la LOGSE, se trata del primer ser humano en ir al espacio (y volvió para contarlo).

Yo: ¿Tú sabías que hoy era el día de Yuri Gagarin?
Conchi: ¿Eh? Esteeee.... ¡pues claro, lo tenía todo previsto!
Yo: Ya, seguro.

Total, que bordeando el obelisco, vimos una puerta en un lateral y un cartel en perfecto ruso. Y pensamos que podía ser la entrada del museo, así que intentamos entrar, pero un guardia, que no hablaba ni palabra de español, ni de inglés, logró a base de señalar el reloj explicarnos que todavía no estaba abierto. Así que decidimos darnos un paseo hasta la hora de apertura (que a saber cual sería) por un parque cercano al museo (Mirando en wikipedia he visto que se trata del Centro Panruso de Exposiciones), pero cuando todavía no habíamos entrado, nos dimos cuenta de que la gente estaba entrando en el museo por la puerta que detrás del obelisco. Luego nos enteramos de que la puerta lateral que habíamos visto era la cafetería del museo.


Así que esquivando excursiones de colegiales, conseguimos entrar en el museo. Donde pudimos apreciar todo el esfuerzo que pusieron los rusos en su día para ganar la "Carrera Espacial".











¿Os imagináis sufrir una re entrada en esta capsula?

Un favorito personal, el satélite Sputnik


La verdad es que viendo las réplicas de los satélites (algunos de ellos no parecían mucho más tecnológicos que el tambor de mi lavadora), las capsulas claustrofóbicas en las que viajaban y los trajes con los que tenían que soportar la gelidez del espacio y los calores abrasadores de las reentradas en la atmósfera, es cuando de verdad te das cuenta del inmenso mérito que tiene ir al espacio. Sobretodo en aquellos tiempos primigenios, cuando la información y la tecnología eran mucho más limitadas que las actuales.

Tras recorrernos el museo de arriba a abajo, fuimos al parque de enfrente (Centro Panruso de Exposiciones), pero fue bastante decepcionante porque estaba casi todo en obras.





Por si eso no fuera suficiente, traté de aprovechar que habían unos puestecillos de comida para agenciarme una coca cola (por que la exploración espacial da bastante sed). Téngase en cuenta que el siguiente diálogo fue una mezcla de palabras en ruso, inglés, español y klingon, que voy a transcribir como buenamente pueda:

Yo (en perfecto ingles): One coke, please  (una coca cola, por favor).
Dependienta: Gjkhkjhfdkjsf? (galimatias ruso, pero que yo interpreto como: ¿Lo cualo?)

En seguida puse en marcha el método patentado para hacerte entender en cualquier idioma, repetir la misma frase que había dicho antes, pero más despacio y gritando:

Yo: ONE COKE, PLEEEEEASE!!
Dependienta: GFDKJDSKJFHJKDSFHJ!!!

El método patentado había fallado miserablemente. Eché un rápido vistazo a mi alrededor y vislumbré una posibilidad. Había un anuncio de coca cola pegado en una de las paredes del puesto de comida. Señalé el anuncio:

Yo (esta vez mezclando inglés y español): One coca cola, por favor, please.
Dependienta: Ok, ok (en inglés, claro).

Y me puso la coca cola... caliente. Es decir, no del tiempo, caliente.

Yo: Qu'Vat! (esto es una palabra klingon, que sirve para expresar que no estás precisamente feliz con la situación).
Dependienta: Glkslsd sasad?
Yo (volviendo al inglés): Cold (frío). Coke, cold (Coca cola, fría).
Dependienta: Ujhjhsd?
Yo (en inglés): Ice? (¿hielo?) Frozen? (¿congelado?)
Conchi: Venga hombre, no se lo pongas difícil a la pobre señora, seguro que con los inviernos que tienen aquí lo normal es poner la bebida caliente.
Yo: ¡Pero no la coca cola, por amor de Odín! Además estamos en plena ola de calor primaveral (5º centígrados).
Dependienta: Tjkjkjksdf?

Miré una vez más desesperado a mi alrededor. Y vi una pequeña nevera situada detrás de la mujer, que ya nos miraba con cara de inquietud. Señalé desesperado a la nevera y repetí.

Yo: Ice! Cold! (¡Hielo! ¡Frío!)

Esta vez me entendió, y me cambió la coca cola caliente por otro de la nevera que estaba, no fría, pero al menos fresquita.

Por fin, obtuve mi bebida y nos pudimos marchar de ahí. De camino al metro divisamos otra iglesia, así que nos acercamos a echarle un ojo. Bueno, no se si era iglesia, edifico o qué, según Google Maps se llama Park Doroga k Khramu.


Y de ahí nos volvimos a ir a la Plaza Roja, porque aunque ya la habíamos visto, es sin duda el sitio que más nos gustó de todo Moscú.









Y poco más hicimos este cuarto día, después nos fuimos al hotel a preparar las maletas, ya que al día siguiente partíamos en tren hacia San Petersburgo.