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4/18/2017

Aventuras en Rusia. Viaje y primer día.

A las buenas gente.

Resulta que entre unas cosas y otras, hacía bastante que no me iba yo de viaje. Como recordaréis, mi última incursión en tierras extranjeras fué en Dublín. Pero de esto ya ha pasado un tiempo, y me apetecía salir a conocer nuevos lugares. 
 Mi amiga Conchi, llevaba un tiempo diciendo que le apetecía conocer Moscú y San Petersburgo, y a mí la verdad que también me parecía un viaje bastante chulo. Así que después de hablarlo, decidimos organizar un viaje conjunto. Y a eso nos dedicamos durante meses, cosa la cual nos llevó bastante más trabajo del que habíamos planeado en un principio, porque además de los típicos preparativos de cualquier viaje, alojamiento, transporte... Había que tener en cuenta unos cuantos preparativos burocráticos adicionales. Y es que como diría el amigo Faramir, "No se entra así como así en Mordor Rusia. Son algo más que orcos guardias los que guardan sus negras puertas. Hay una burocracia que nunca descansa".

Básicamente, te entierran en papeleo, resulta que para venir a estas tierras, no basta con tu pasaporte en regla y un visado. El pasaporte debe estar en perfecto estado de revista, que no caduque hasta pasados los 6 meses siguientes al final de tu visita (que ya me dirás tú, a santo de que, si caduca a los cinco meses y medio que más les dará a ellos, si tú ya hace mucho que has vuelto a tu casa). Además debes tener libres al menos seis páginas de tu pasaporte, a pesar de que el visado solo ocupa una.

Pero es que para solicitar el visado, primero necesitas una carta de invitación, que debe firmar la persona responsable de gestionar el lugar donde te vas a alojar durante tu estancia en el país. Es decir o te lo firma el responsable del hotel o el dueño de la casa donde te vas a hospedar (si es que has conseguido embaucar a algún ruso para que te acoja en su hogar).

Además, en el mismo momento en que aterrizas en el aeropuerto, te dan una hojita firmada y si la pierdes, ya no puedes salir de territorio ruso, así que poca broma camarada.

Al final, solventamos todos los trámites y el sábado por la noche nos embarcamos en un vuelo, que nos llevaría hasta la misma capital rusa. Todo genial hasta que subes al avión, y te das cuenta que ha sido diseñado pensando en los hobbits, porque a nada que midas un poco más de un metro veinte, ya no tienes espacio para las piernas. El avión está a rebosar, y no hay forma de que estires las piernas en paz. Por si fuera poco, no se nos ocurrió mejor idea que coger el vuelo que salía a las 23:30 de Madrid, y que tras cuatro horas y media nos dejaría en Moscú. Huelga decir, que no hubo forma humana de conciliar el sueño, aunque lo intentamos con ahínco, pero en ese espacio tan reducido,  no podías ni bostezar sin invadir el espacio personal de tus compañeros de infortunio.

Total, que llegamos a las 5 de la mañana (hora local) y nos dispusimos a pasar el control de la aduana, donde miraron nuestros pasaportes con lupa (literalmente).

Una vez pasado el trámite, conseguimos coger el tren desde el aeropuerto, hasta la capital rusa.


Una vez que llegamos a la ciudad, cogimos el metro para ir al hotel a dejar los bártulos. Ya hablaré más adelante de las impresionantes estaciones de metro de la capital rusa y sobre su extrema eficiencia, de momento sólo dejaré un par de imágenes de muestra.




El metro viaja realmente rápido, y los trenes se suceden con una frecuencia que es digna de envidiar. Así que no tardamos mucho en llegar al hotel. Aunque aún no podíamos tomar posesión de nuestras habitaciones (no hay que olvidar que aún eran las siete de la mañana), dejamos las maletas en la consigna del hotel y nos fuimos directos a la Plaza Roja. Este era uno de los lugares que más ganas teníamos de conocer y la verdad que no nos decepcionó. Años de ver la plaza en todo tipo de peliculas, no nos habían preparado para el espectáculo que nos esperaba.

Primero los alrededores




Y la propia plaza





A un lado el mausoleo de Lenin

Y al otro el GUM, el famoso centro comercial 



Pero sobre todo, la Catedral de San Basilio
 




Una auténtica maravilla, por fuera y por dentro





También visitamos la armería del Kremlin, aunque no nos emocionó demasiado. La verdad es que estaba llena de trajes, carrozas, vajillas... Todo muy bonito, pero armas, lo que se dice armas, más bien pocas. 

Después nos fuimos a reponer fuerzas, pues estabamos francamente exhaustos.  



Tras un buen refrigerio en un bar cercano a la Plaza Roja, seguimos paseando un rato por los alrededores.








Y así caminando, llegamos a la Catedral del Cristo Salvador




Y tuvimos bastante suerte, porque era el Domingo de Ramos, y así pudimos verla en pleno apogeo.

Después seguimos con nuestro paseo, bordeando el río Moscova.




Llegados a este punto, decidimos irnos al hotel a descansar un rato, porque a esas alturas ya llevamos un tute importante encima. Así que nos dimos un par e horas para deshacer las maletas y descansar y luego nos fuimos a cenar a un restaurante cercano al hotel. Después de eso decidimos dar el día por terminado.

Próximamente continuaré narrando nuestro viaje. Espero que os guste.

1 comentario:

Conchi Redondo dijo...

Esperando el dia dos 😂