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8/06/2014

Sobre la hostelería

No recuerdo si lo he comentado alguna vez, pero este que suscribe, tuvo una breve (y poco exitosa) experiencia en el sector de la hostelería. Concretamente estuve como cocinillas en un hostal, ayudando a preparar los desayunos. De esa experiencia saqué en claro dos cosas, la primera es que yo no estoy hecho para ganarme la vida entre fogones  y lo segundo es que el sector de la cocina no es tan fácil como lo hacen parecer los grandes cocineros de la televisión.

La verdad es que ser capaz de sacar un montón de comandas a la vez y conseguir que ningún cliente espere demasiado tiempo, o reciba una comida que realmente esté en su punto, no es nada sencillo, sobre todo cuando tienes el local hasta la bandera.

Ahora bien, esto no quita para que a veces se vivan situaciones un tanto... peculiares.

El otro día, estaba yo en un bar de la sierra madrileña, dispuesto a degustar un refrigerio con mis progenitores. Nos sentamos y tras un rápido vistazo a la carta, nos decantamos por pedir un pincho de tortilla, regado con cerveza a discreción. La camarera marchó diligentemente a la cocina, y volvió al cabo de un rato con tres cañas y esto



Huelga describir nuestra expresión de estupor absoluto. Porque claro, a uno le da por pensar “si pido una tortilla de patatas y me traen 3 huevos sin más ni más.... al próximo viaje de la camarera, me trae medio kilo de patatas crudas y un pelador. Y al siguiente un camping gas con una sartén llena de aceite”.

Total, que tras unos segundos de absoluto pasmo, se produjo el siguiente diálogo

Padawan:  Esteeee.... ¿Y esto?
Camarera: Pues unos huevos.
Padawan: Anda que manda idems.
Camarera: ¿Cómo dice?
Mi Padre: Entonces esto...
Camarera: Es una tapa, mientras traen la tortilla.
Mi Madre: Menos mal.
Camarera: ¿Qué?
Padawan: Nada, nada.
Camarera: Bueno, yo se lo dejo aquí y voy a ver como va la tortilla.

Tras un buen rato la camarera regresó, sin la tortilla, pero por lo menos tampoco traía las patatas sin pelar.

-Camarera: Vaya, pues resulta que no nos queda tortilla. Se nos acabó esta mañana.
Por el rabillo del ojo veo que mi padre echa un vistazo a su reloj y confirma sus sospechas, son casi las nueve de la noche, y a pesar de que la tortilla se acabó por la mañana, a nadie se le ha ocurrido hacer otra tortilla nueva.

-Mi madre: Bueno, pues traigamos una ración de sepia.
-Camarera: Enseguida, de eso seguro que si nos queda.

La camarera se marcha y mientras mi imaginación echa a volar. Hemos pedido una sepia, visto lo visto con la tortilla, igual la sepia está un poco crudita...



Tras unos momentos de incertidumbre, mis temores resultan ser infundados, la sepia no sólo está cocinada y aliñada, sino que además está rica.




Después de dar buena cuenta de ella, decidimos marcharnos, ya habíamos tenido suficientes emociones por un día.

¿Los huevos? Pues allí siguen, la verdad es que no solo no nos atrevimos a probarlos, sino que ni siquiera nos molestamos en averiguar si estaban crudos, duros o pasados por agua, hay cosas que es mejor dejar en el misterio.

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